Continúa represión golpista contra seguidores de Zelaya en Honduras
En una sorprendente acción escurridiza y no ausente de enormes riesgos para su integridad personal, el presidente de Honduras llegó a su tierra, a su amada Tegucigalpa, sede de Gobierno, para reestablecer desde el interior de su país, la legalidad pisoteada por el golpismo encabezado por los gorilas militares entrenados en EEUU, toda una logia de virtuales y reales asesinos y mercenarios disfrazados de fuerzas del orden, y que tiene en el señorito Micheletti a su cara civil visible.
La jugada de Zelaya provocó como era de esperar una inmensa conmoción interna y a nivel internacional. El presidente Mel burló todos los dispositivos de seguridad, diseñados para evitar su ingreso a la nación de Morazán, y sin darle tiempo al régimen de facto se instaló en la Embajada de Brasil.
Lamentablemente las fuerzas armadas reaccionarias y criminales de Honduras, toda una logia de asesinos a sueldo, a pesar de su evidente origen humilde en sus cuadros inferiores o tropas, se encargó de asestar en horas de la madrugada del martes 22 de septiembre, el golpe que se temía, que no era otro que la brutal represión contra la concentración de centenares de seguidores de Zelaya que se apostaron frente a la Embajada para cuidar y expresarle al Presidente su apoyo y solidaridad.
No obstante Honduras sigue en resistencia. Con Zelaya en su tierra la lucha adquiere otra dimensión, obliga a la comunidad internacional a repensar la estrategia contra los usurpadores y a proponer acciones más concretas para reestablecer el juego democrático en esta sufrida nación, que enfrenta ahora terribles y hasta ahora inéditas realidades en el concierto de su vida interna.
En estas condiciones tan turbias en lo político, en medio de esta crisis institucional sin parangón en América, con un Presidente Constitucional refugiado y protegido en la embajada de un país hermano, y con otro presidente de facto instalado en el poder fático por obra y gracia del gorilaje armado, por supuesto que no puede haber paz, no hay orden, no hay posibilidad de que esta frágil democracia salga favorecida.
En pocas palabras las elecciones de noviembre están en pico de zamuro, casi moribundas, por no decir acabadas. Zelaya regresó. Primero solicitó diálogo. Pero ante la reiteración del discurso soberbio y ramplón de sus verdugos golpistas, ya anunció que hoy más que nunca la consigna, es la constituyente, la transformación institucional a fondo, la convocatoria a constituyente y el reestablecimiento de un orden social, económico, político, cultural, institucional, totalmente nuevo. Ese es también el clamor del pueblo, que una vez más fue dispersado a porrazos, a balazos, a empujones, a bombazos, reprimido y vituperado. Pero ese pueblo ya no da marcha atrás. Tarde o temprano los criminales y sus secuaces de levita serán expulsados del poder.
Honduras es América. Y América no se rendirá jamás...



