

A sus 74 años nos deja Otilio Galíndez, un cantautor con sabor a pueblo y a poesía de la buena por sencilla y por nuestra. Su legado permanecerá por siempre. Nos deja "Pueblos Tristes", Nos Deja "Caramba". Su "Flor de Mayo" se nos marchitó en vuelo eterno en este mes de junio de artistas nacionales. En su memoria transcribimos un excelente trabajo de Marichina García Herrero publicado en la página Web aporrea.org.com
SE NOS FUE OTILIO GALINDEZ
Texto: Marichina García Herrero
Artículo publicado en Aporrea.org Fecha de publicación: 14/06/09
Con profunda tristeza, con el amargo llanto de quien siente una pérdida irreparable, comunicamos la despedida de un venezolano que no podrá morir jamás.
Otilio Galíndez, compositor yaracuyano, cuyas principales características, además de la calidad irrefutable de su aporte musical, fueron la ternura, la sencillez y el amor, dejó de vivir anoche, 13 de junio de 2009, después de despedirse de su familia como habitualmente lo hacía en la humilde casa de Maracay que lo cobijara durante los últimos treinta años.
Ayer Otilio fue a la cama a dormir, esta vez, el sueño eterno. Pero un hombre que se refiere al rocío como "perlitas madrugadoras" y al brillo en los ojos de una mujer como "Chispitas" jamás podrá dormir en los corazones de quienes lo conozcan, porque la estatura de sus versos, la ternura de sus expresiones, la belleza pura y simple de lo cotidiano, sumadas todas al amor a la tierra y a la vida, no duermen, muy por el contrario, despiertan los sentimientos más escondidos, afloran hasta en invierno, anuncian y provocan vida, incluso después de la muerte.
La obra de Otilio Galíndez es tomada por casi todos los intérpretes venezolanos -de música popular y otros géneros- desde mediados del siglo XX y por muchos artistas internacionales como Pablo Milanés y Mercedes Sosa. Otilio Galíndez formó parte del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela, institución a quien siempre declaró su amor y gratitud, pues fue allí donde comenzó una larga carrera de éxitos musicales cuyas melodías, extraordinarias y contagiosas, compiten con la poesía exquisita de sus versos, escritos en los pasillos y jardines de esa magna casa de estudios.
Además, Otilio desarrolló una tremenda labor creativa en la coral de la Compañía Anónima Nacional de Fomento Eléctrico, CADAFE, donde compuso muchas canciones que se han convertido en verdaderos emblemas de nuestra música tradicional, como parrandones y aguinaldos que año tras año acompañan al pueblo venezolano en sus fiestas decembrinas.
Fue homenajeado innumerables veces en las última décadas, y el actual Gobierno reconoció su trabajo con el Premio Nacional de Cultura, sin embargo, según sus palabras, el mayor homenaje a su esfuerzo es la cantidad de veces que sus canciones fueron grabadas y el reconocimiento íntimo de la labor cumplida, que no tenía nada que ver con ganancias económicas, pues Otilio Galíndez nunca cobró por la autoría de ninguna de sus obras, que llegaron a ser plagiadas y hasta vendidas por grandes comerciantes de la cultura nacional y extranjera.
Nació en Yaritagua, estado Yaracuy, en 1935, hijo de una humilde costurera de nuestro pueblo. La naturaleza campestre de su tierra natal y el amor a su madre y a sus hermanos Eugenia, Mercedes y Jesús (Chucho) fueron fundamentales para el desarrollo de quien sería, en vida y después de ella, un gran músico y poeta, un amigo fiel, un hijo entregado, un padre dedicado, un eterno enamorado de su patria.
En una entrevista grabada en 2005, cuando preguntamos sobre su inspiración primera, el maestro respondió lo siguiente: "las canciones que mi mamá cantaba y que aún canta, tienen una gran categoría, un buen gusto, son exquisitas... yo no sabía que en realidad mi mamá me estaba dando una clase de estética, además del placer de la música diaria" (...) " vino otra mujer hermosa, tan hermosa como ella, fue la madre naturaleza: los ríos, los montes, los campos, la gente, los árboles, las matas, las flores, todo eso que ayudó a mi mamá cuando estaba pequeña también me ayudó a mi... eso es lo primero que a uno lo asombra y que uno ama, la madre y la naturaleza"
Con apenas ocho años lo arrancaron de su campo acostumbrado y su mudanza a la ciudad de Caracas acrecentó en él el amor a la naturaleza entrañable de sus primeros años de vida. En esta ciudad trabajó en múltiples oficios junto a sus hermanos. Es a los 18 años, cuando le toca hacer el servicio militar obligatorio, que empieza a escribir versos, a su madre, a su pueblo, a la vida que estaba al otro lado de lo que él sintió como un injusto presidio, donde algunos "castigos" lo llevaron a la enfermería en varias ocasiones. Esos primeros versos fueron desechados por el autor, que apenas terminó su corta estadía como "recluta" en espacios militares, comenzó, en 1957, a trabajar en la UCV, donde, prestando servicios como obrero, conoció a personas que lo alentaron a leer y a estudiar, desarrolló su talento creativo y compuso aguinaldos que grabó por vez primera Rafael Montaño y luego fueron interpretados por el orfeón universitario, que los dio a conocer dentro y fuera de nuestras fronteras.
Morela Muñoz, Juan Carlos Núñez, Lilia Vera, Miguel Delgado Estévez, Cecilia Tood, Ilan Chester, Efraín Silva, Simón Díaz (que interpreta a Otilio sin que generalmente aparezca el compositor), Soledad Bravo y otros muchísimos compositores y cantantes venezolanos han deleitado los oídos del mundo con las composiciones de Otilio.
Desde su casa de Maracay, el aroma de caña fresca, los amargos de mandarina, la ternura del hijo cuidador de la madre, impregnan para siempre el aire de nuestra Venezuela para luego volar, cual cometas, sobre todo el planeta, y recordar a quien escuche cualquier verso de Otilio, que el ser humano es bello, es noble, es bueno, es sabio, es amante.
Otilio cantó al amor mientras escribió, acarició los más humildes recovecos de la patria con sus palabras, distribuidas sobre papel y envueltas en notas musicales como por arte de magia. Otilio convierte en sublime, o más bien, demuestra cuan sublime puede ser, el cantar de un pájaro, el crecer de una planta o el atardecer... Otilio no duerme, él sueña, sueña eternamente para que su magia se cuele en los sueños de todos.
Caramba Otilio caramba, sueñas, pero estarás siempre despierto en el corazón venezolano, haciéndonos soñar a todos, con tus aguinaldos, con tus baladas, con tu pascua, con tu poesía, la del poncho andino, la de Son Chispitas, la de la Restinga, la de Catiera, la de Duerme mi Tripón.
Caramba Otilio caramba, recordamos a Candelaria, aquella muchacha que vivía en la calle 8 de los Jardines del Valle, a quien le escribiste "no me mires, que mirando se despiertan los amores, y aceleras el latir de mi corazón", pero tú, Otilio Galíndez, tú ni cerrando los ojos para siempre, ni durmiendo para siempre, dejarás de despertar el latir de miles y miles de corazones.
Acabamos de cantar Flor de Mayo, pero llegó junio y te nos fuiste. Caramba Otilio caramba, llegó junio y aquí te nos quedas, para siempre, amor eterno, sueño eterno. Gracias por todo lo que tu bella humanidad nos regaló. Gracias por mantenernos despiertos. Gracias. Por tu amor. Por tu humanidad. ¡Qué difícil resulta despedir a alguien que no puede irse, alguien que jamás se irá!
Una canción, que según Lilia Vera es un cuadro, pintado por Otilio... así nos dejas Otilio...
Sus dos canciones más conocidas... Caramba y Pueblos Tristes
Caramba
Caramba, mi amor, caramba,
lo bello que hubiera sido
si tanto como te quise
así me hubieras querido.
Caramba, mi amor, caramba,
pasar este invierno triste
mirando caer la lluvia
que tantas cosas me dice.
Caramba, mi amor, caramba.
Caramba, mi amor, caramba,
las cosas que nos perdimos,
los chismes que solo escucho
entre las piedras del río.
Caramba, mi amor, caramba,
el viento con las espigas,
aroma de caña fresca
y amargos de mandarina.
Pueblos Tristes
Qué piensa la muchacha que pila y pila,
qué piensa el hombre torvo junto a la vieja,
qué dicen campanas de la capilla
en sus notas, qué tristes, parecen quejas.
Y esa luna que amanece
alumbrando pueblos tristes,
qué de historias, qué de penas,
qué de lágrimas me dice.
En el fondo hay un santo de a medio peso,
una vela que muere en aceite sucio.
Más allá, viene un perro que es puro hueso
con ladridos del hambre que Dios le puso.
Así recoge la Enciclopedia Wikipedia la vida y obra de Otilio Galíndez:
Otilio Galíndez es un compositor venezolano nacido en Yaritagua, Yaracuy, 13 de diciembre de 1935. Murió en Maracay, estado Aragua el 13 de junio de 2009. Desde corta edad demostró inclinaciones musicales, con el apoyo de su madre en la canción y la poesía, en 1957, fue trasladado a Caracas, y trabajó en la Universidad Central de Venezuela, allí forma parte del coro de la Universidad, con maestros como: Antonio Estévez, Inocente Carreño y Modesta Bor. En las composiciones de Otilio Galíndez, predominan las canciones de navidad, su primera composición fue de La Restinga, una canción folclórica de Navidad, también compuso valses, serenatas, bambucos y joropos, entre ellos: Pueblos Tristes, Flor de Mayo, Mi Tripón, y muchos otros , sus obras han sido interpretadas por los más conocidos cantantes populares venezolanos y por personalidades de América Latina, como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Mercedes Sosa. Reside en Maracay desde 1974. El Sábado, 13 de junio de 2009 en horas de la noche, dio su último suspiro en su casa de Maracay: una voz que nunca guardará silencio, porque sus canciones se cantan en todas partes en Venezuela y en muchos rincones del mundo ... Este hombre, autor de un gran legado musical, fue muy sencilla y humilde persona, pero con un gran espíritu y muy completo de bondad.
El mismo 14 de junio de 2009 nuestra colega y amiga Lil Rodríguez lo despide con sencillez de reportera, así lo recogió aporrea.org
Pueblos Tristes: Murió Otilio Galíndez
Este sábado 13 de junio en horas de la noche falleció en su hogar de Maracay el extraordinario compositor venezolano Otilio Galíndez, autor de temas como La Restinga, Pueblos Tristes, Mi tripón, Luna decembrina, Caramba, Flor de mayo, Candelaria, Ahora y muchísimas. Tenía 73 años.
El Maestro Otilio había nacido en Yaritagua, estado Yaracuy el 13 de diciembre de 1935. Su vocación musical y poética quedó evidenciada desde niño y fue aupada por su familia. En 1957 llegó a Caracas y trabajó en la Universidad Central de Venezuela, donde llegó a formar parte de su coro.
Cecilia Todd y particularmente nuestra Lilia Vera han entonado el repertorio del fallecido músico, quien dio gloria a la lírica venezolana y alma a la diversidad de sus composiciones, para las que acudió a ritmos como el vals, el bambuco, el galerón y el pasaje.
El hijo del destacado autor lo despidió con las buenas noches de siempre sobre todo este sábado día de San Antonio, pero al amanecer ya el maestro no despertó.
La música venezolana y la latinoamericana pierden a un poeta excepcional y digno. Paz a su alma.
lilrodriguez@gmail.com
Mientras tanto el vicecanciller Reinaldo Bolívar nos dice también en Aporrea
Otilio Galíndez, retratista del alma
Por: Reinaldo Bolívar
Fecha de publicación: 15/06/09
El sábado 13 de junio, aún con mucho que dar, se fue de esta tierra el poeta, cantautor, que mejor ha retratado la realidad de los pueblos de América Abya Yala. Otilio Galíndez. De seguro, uno de los compositores cuya letras se reconocen en cualquier voz. Pues sucede que a veces, sabemos quien popularizó una canción. Pero no quien la compuso. Con Otilio eso apenas pasa, porque es tal la sencilla profundidad de sus letras que al escucharlas cantadas, la gente pregunta ¿Quién compuso algo tan genial? Y a fuerza de decirlo, bien sabe el mundo que fue Otilio.
Creemos que Otilio se cuela en la vida de uno desde temprano. Con canciones de amor como
“Caramba mi amor caramba
lo bello que hubiera sido
si tanto como yo te quise
así me hubiera querido”
Que uno en su adolescencia esta convencido que no puede haber alma que se resista a tan profunda comparación y reto. Pero Otilio, está en nuestras vidas desde mucho antes, cuando apenas abríamos los ojos. En la voz susurrante de mamá que nos arrulla con
“Duerme mi tripón
vamos a engañar la lechuza
y engañar al coco
que ya no asusta”
Otilio enseñando a las madres a echar por tierra los falsos temores, para darnos una noche feliz. Y señalando caminos bonitos para la vida, desde que estamos pequeños.
“Abrirá tus ojos
la luz del alba
y te enseñará
ríos y caminos
y la montaña”.
Y luego registrando esos sentimientos que nos aferran a la tierra, nos conectan con lo local, con lo nacional, con la naturaleza que es compañera eterna y sabia cual dios. Aconsejándonos “Ahora” a jugar con los charquitos de agua que deja la lluvia, oír a los turpiales
“Mañana que vas llegando
rayito de sol que siento
llévame por la sabana
llévame sabana adentro
mañana que vas llegando
rayito de sol que siento”
Otilio en la voz de los coros universitarios, parroquiales, serenateros. Cantado embellecedoramente por Lilia Vera, por Simón Díaz, Los Cuñaos, por quienes sencillamente llevan sus letras y melodías como parte de ellos, de nosotros.
Fue el quien un día dibujo con su poesía la realidad de los Pueblos Tristes de América, de seguro con la esperanza de que la luz del alba enseñara el camino para salir de esa angustia que es pobreza.
“Qué piensa la muchacha que pila y pila,
qué piensa el hombre torvo junto a la vieja,
qué dicen campanas de la capilla
en sus notas, qué tristes, parecen quejas”
“En el fondo hay un santo de a medio peso,
una vela que muere en aceite sucio.
Más allá, viene un perro que es puro hueso
con ladridos del hambre que Dios le puso”
Allí está toda la América pueblo a pueblo, aún peleando. Con sus historias, con sus penas, con sus lágrimas, como reza nostálgico el inmortal coro, que en este momento canta en la mente de todos los que leen o escuchan este AL FILO 101, dedicado al inmortal retratista del alma de nuestros pueblos. Vive por siempre Otilio Galíndez. VOY QUE CORTO.
reibol@gmail.com