El País de la Canela (Novela Ganadora del Premio Rómulo Gallegos) retrata aventuras, genocidio y ambiciones de los conquistadores españoles en América
Además de sus excelentes valores literarios, la novela del escritor colombiano William Ospina "El País de la Canela", ganadora del Premio Internacional Rómulo Gallegos, otorgado por el Centro de Estudios Latinoamericano que lleva el nombre de este insigne novelista venezolano Celarg, nos introduce de cuajo en una época de aventuras, de despojos, de crímenes contra el gran Imperio Inca, de exterminio, de genocidio, también de audacia, de encuentros y desencuentros entre dos modos de entender la relación del hombre con su naturaleza.
El hecho de que Ospina haya sido galardonado y reconocido por este excelente relato o nevela, contado a la manera de los cronistas de Indias, en un estilo epistolar directo, franco, autocrítico pero al mismo tiempo contradictorio con el rol que cada español jugaba en ese teatro de conquistas y exterminio cultural y físico de los pueblos indígenas, es también demostrativo de que acá en la tierra de Bolívar, en la Venezuela del siglo XXI muy lejos estamos de no reconocer los méritos literarios de los excelentes prosistas de la hermana Colombia.
De este libro que forma parte de una trilogia de novelas, cuyo primera parte el autor tituló Ursúa y publicó en el 2003, y que se cerrará con La Serpiente Sin Ojos, William Ospina le da vuelo a su imaginación y dotes de narrador con un tema real como lo fue el tránsito de la expedición de Gonzalo Pizarro y Francisco Orellana, que en 1541-1542 culminó con la primera travesía completa del río Amazonas desde las selvas de Quito hasta su desembocadura en la isla de Marajó, cuando el trueno del contacto de aquel impresionanto curso de agua dulce con el mar embravecido del Atlántico Central, les indicó a sus pocos sobrevientes que no era tarea fácil la dominación de aquellos pueblos indígenas en un territorio inmensamente más grande y más salvaje que el de sus prados y bosques europeos.
Por cierto este libro está disponible, por ahora son unos 200 ejemplares, en la recién aperturada Libreria del Sur, que el Ministerio del Poder Popular inauguró el pasado viernes 28 de agosto en la planta baja del Palacio Municipal de Upata, en la calle Bolívar cruce con Libertad, a un más que solidario precio de apenas 5 bolívares, demostrativo de que si alguna virtud y mérito tiene esta revolución socialista bolivariana y chavista es la promoción de la cultura y de la lectura, lo que con acierto se ha denominado la revolución de las conciencias.
Así reseña Monte Ávila Editores esta novela...


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El país de la canela
Ospina, William
Co-edición con Fundación Celarg
Colección Premio Rómulo Gallegos
Un grupo de hombres, guiados al principio por Gonzalo Pizarro, emprende una expedición irracional en busca de un interminable bosque de canela. Este viaje se convertirá en una peligrosa aventura a través de la cordillera andina y una fantástica navegación por el río Amazonas, para intentar escapar de la selva, «secreto de la vida y la muerte, una cosa total e inaccesible».
El autor logra involucrar al lector en la épica historia de la invasión y destrucción del imperio incaico, la muerte de sus dioses y el viaje al lugar que soñaron, usando para ello una carta poética de un testigo, escrita a la manera de los cronistas de Indias, en una tierra que se resiste a ser gobernada por las espadas, la religión y la lengua extranjera.

Del texto, de la novela El País de la Canela, editado por Monte Avila Editores y el Celarg, extraemos dos párrafos demostrativos de la calidad de la prosa de Ospina y de su sugerente y actual crítica a ese proceso de conquista, prodigioso por lo que tuvo de heroico y de osado, pero criminal en su esencia destructiva de la civilización de los Incas. De ese pueblo avanzado a quienes despojaron de sus riquezas, de sus impresionantes ciudades como el Qusco, a quienes masacaron en la búsqueda insaciable del oro y la plata, y por supuesto de esa Canela, tan esquiva, y que al final no fue sino un espejismo porque la canela o su variedad en el trópico americano, no fue jamás planta abundante en los bosques neblinosos o en extremo sofocantes del Perú, de Quito y el Brasil... A continuación los dos fragmentos, uno referido al asesinato y matanza del Rey Inca por las huestes de Pizarro y Almagro y el otro relativo más reflexivo y contundente cuestionador de las supuestas proezas de los conquistadores en la América infinita de sus montañas y selvas prodigiosas y variadísimas en culturas y animales y plantas y leyendas:
Asesinato del Inca
..."Pero más que los hechos quiero contarte, lo que esos hechos produjeron en mí. Poco antes nuestros hombres habían capturado al Señor de las Cordilleras. Para ti y para mi, hoy, simplemente lo condenaron al garrote; para mis 12 años, lo que ocurrió no cabía en una palabra: como cerraron en torno a su cuello una cinta de acero hasta que la falta de aire en los pulmones completó la labor del torniquete, astillando los huesos del cuello... Y el mundo de los incas vivió con espanto la profanación de su Rey. Para los invasores era la muerte de un rey bárbaro, pero para los incas era el sacrificio de un Dios, el Sol se apagaba en el cielo, los cimientos de las montañas se hundían, una noche más grande que la noche se instalaba en las almas. Y aún más grave que la muerte del Rey fue esa fiesta insolente, cuando los invasores arrasaron sala por sala, muerto por muerto y trono por trono la memoria del reino. Un caudal de talismanes y embrujos, de sabidurías y rituales, fue obliterado, y siglos de piadosas reliquias se convirtieron en fardo de saqueadores, en rapiña, en riqueza. Aquel día no sólo descubrí que éramos poderosos y audaces, descubrí que éramos crueles y que éramos ricos, porque los tesoros de los incas ahora formaban parte del botín de mi padre, y de sus 167 compañeros de aventura"...
..."Esas riquezas del Perú estaban malditas para nosotros. Un día en su mina profunda de las montañas el derrumbe de un túnel sepultó a mi padre con muchos de los indios que se afanaban a su servicio. Cuánto no habrán durado vivos en la tiniebla, pero nadie consiguió rescatarlos a tiempo"....
Reflexión sobre la inutilidad del oro y de la masacre contra los pueblos indígenas
..."Para Hernán Corte y aún para Francisco Pizarro, ese era el costo de la vengativa fortuna que estaban conquistando, y el brillo del oro le ayudó a creer que no estaban dañando sus almas. Pero en la soledad llena de tenazas y de colmillos ese sacrifio es aún más inútil, porque no hay nada allí que pueda satisfacer la ambición, Se puede conquistar una ciudad y un imperio, se pueden saquear tumbas y templos, se puede avasallar a un millón de aztecas o a un millón de incas, pero no podrás someter a la voluntad de unos hombres todas las dispersas tribus de una selva infinita, no podrás hacer jaulas para tantos pájaros, no podrás someter al yugo a las dantas de los ríos, no podrás poner riendas ni bridas a las anacondas monstruosas, no podrás sujetar con carlancas de hierro a una manada de jaguares para que arrastren el carro de tu victoria como los leopardos del dios Baco"...



