A pesar de baja intensidad del verano se incrementan incendios forestales y contaminación atmosférica en Upata

Evidencia del Daño Ambiental que los incendios provocan en un sector de Upata, donde todos los años, en la temporada de sequía, se repite el ciclo de la quema irracional de la vegetación y sus zonas verdes.
Esta quema de vegetación en Manuel Piar Upata generó estragos a los niños del urbanismo que durante dos horas tuvieron que respirar un aire contaminado, cargado de cenizas y bióxido de carbono.
El Cerro El Toro en esta colina cercana a Manuel Piar exhibe la huella de la destrucción anual por la quema irracional de su vegetación.
A un costado de la vía que une Manuel Piar con San José la quema de vegetación fue inclemente el domingo 29 de marzo de 2009.La tradicional quema de áreas de sabana, la arremetida constante de personas inescrupulosas contra las áreas naturales y las zonas verdes, es una constante en la Upata de la temporada de sequía.
Todos los años se repite este ciclo de destrozo de la vegetación, con fines irracionales en algunos casos, en otros por esa vieja práctica de quemar para reducir la basura o porque la experiencia le indica a algunos campesinos, que sólo reduciendo a ceniza la cobertura vegetal la tierra tendrá un mejor rendimiento.
El resultado en todos estos casos es el mismo de siempre. Upata se convierte en una gran fumarola, en una tierra de nadie, sometida a incendios inclementes en cualquier espacio o terreno no ocupado, sus cerros, sus colinas verdosas, se exponen continuamente a la inclemencia destructora de la quema, mientras que las otras víctimas somos todos aquellos mortales, habitantes de la ciudad, que quedamos expuestos a sufrir las secuelas perniciosas del humo, del contacto de nuestros sistema respiratorias con concentraciones elevadas de bióxido de carbono, hollín, cenizas y particular residuales sólidas en suspensión en el aire, capaces de generar problemas graves en nuestros organismos, desde alergías, afecciones pulmonales, irritaciones oculares.
La costumbre de quemarlo todo adquiere en estos tiempos de cuaresma, de sequías, de Sol intenso, una dimensión extraordinaria y no hay ni autoridad, ni Ministerio Ambiental, ni consejo comunal, ni escuela, ni sabios populares, ni orientadores, ni familias, ni educadores, que tomen la iniciativa de educar al pueblo para que asuma en bloque la necesaria conducta de rechazo unánime a los incendios forestales y de denuncia permanente de todo aquel ciudadano que sin respetar el derecho de todos a respirar un aire puro se dedica a convertir a esta hermosa Villa y Valle del Yocoima en un territorio no apto para la vida sana.
Las imágenes que recogimos de esta situación dramática de la quema forestal que se vivió el fin de semana pasado en la urbanización Manuel Piar nos debe servir de campanada de alerta para que estas situaciones no se repitan y para que entendamos que mientras sigamos empecinados en rendirle culto al incendio, a la quema, no estaremos en capacidad de gozar de una buena salud y nuestro ambiente seguirá su degradación irreversible, cuando los daños a los ecosistemas, a los bosques, a las sabanas, a las zonas protectoras, se hagan aún más fuertes.



