Sicariato y violencia siguen asestando duros golpes a nuestra tranquila Upata
La reciente muerte del comerciante Kelvin Sánchez, propietario de un negocio de venta de pollos frescos en Upata, concretamente localizado en el Mercadito de Bicentenario, suceso acaecido en horas de la madrugada del martes 09 de diciembre, es una muestra más del nivel de descomposición social que alimenta la violencia y el crimen en nuestra ciudad.
La Villa del Yocoima tal como lo reconocen propios y extraños dejó de ser aquel bucólico pueblito de neblinas románticas, fresco clima y gente apacible, para convertirse en una pequeña ciudad con niveles altos de violencia y desenfreno criminal, cáncer que de manera progresiva está corrompiendo el alma de nuestra patria, y que no ha podido ser extirpado o controlado por las autoridades de los cuerpos de seguridad, que por lo general actúan cuando ya los hechos están consumados.
La saña y alevosía con que actuaron los delincuentes que acabaron con la vida de este empresario de 40 años nos indica que no es nada fácil la tarea de recomponer el tejido social y de reducir la acción incontrolable del hampa y del sicariato como forma de aniquilamiento del ser humano.
Sierra III Zona Roja de Upata
En el sector Sierra III por ejemplo durante el 2008 han ocurrido cuatro hechos de violencia callejera y ataques contra trabajadores, que han dejado como saldo igual número de muertos, lo que lo convierte en uno de los sectores más desprotegidos y peligrosos de Upata, ciudad que exhibe un preocupante promedio de dos muertes violentas por mes. En la Villa del Yocoima se contabilizan ya 23 muertos por la acción del hampa criminal en lo que va del 2008 y es necesario para tranquilidad de nuestra población que las policías esclarezcan los móviles y responsables de estas acciones delictivas, porque la impunidad es igual que dolorosa que el aniquilamiento físico de nuestros compatriotas.
Plan de seguridad ¿Necesidad o paño caliente?
El reciente anuncio del alcalde Gustavo Muñiz y los coordinadores de los cuerpos policiales y militares, incluyendo al doctor Bernabé Pérez, nuevo jefe de seguridad ciudadana de la Municipalidad, sobre la necesidad de articular y ejecutar en Upata, un plan integral contra la delincuencia, ha sido bien recibido por los comerciantes, por los vecinos y la gente honesta que está cansada de tanto atraco, de tanta acción criminal contra humildes padres de familia dedicados al trabajo productivo, taxistas, microempresarios, empleados de empresas básicas, obreros.
Ese plan de seguridad, prevención y combate frontal a las bandas de delincuentes que operan a las anchas en la anterior plácida Upata es una tarea pendiente. Necesitamos que cese la impunidad, que se acaben las complicidades, que se investiguen las redes criminales, que se establezca un cordón de seguridad más eficiente en las cuatros salidas principales de la ciudad y que se instale un cuerpo élite de investigación del CICPC o cualquier otro organismo de seguridad, que permitan atacar con mayor celeridad a los delincuentes, establecer las responsabilidades y limitar sus actividades ilícitas en la zona.
Familias expuestas al robo violento
Los relatos y las denuncias diarias en Upata han rebasado la capacidad de los cuerpos policiales, que no se dan abasto para atender la acción impune de los delincuentes, que ya han llegado al colmo de tomar por asalto residencias, casas, empresas.
A los vecinos de Bicentenario I, zona donde precisamente el amigo Kelvin tenía su negocio en el Mercadito, le han arrebatados vehículos, enseres, los han secuestrado con sus propios carros, los han desvalijado, los han amenazado, golpeado, los han ruleteado y no hay forma ni manera de que aparezcan los responsables, mucho menos los bienes sustraídos. Conocemos historias casi de película de gente que estando en la comodidad de su hogar son asaltados, vapuleados, obligados a entregar pertenencias, carros.
Tales hechos no son nuevos, ya ocurrían en el pasado, de vez en cuando nos llegaban noticias penosas de amigos empresarios que fueron visitados por delincuentes y obligados a entregar dineros y a abrir sus hogares a los delincuentes. El detalle es que ahora estos actos criminales son casi diario, cotidianos, allí está el pequeño gran detalle. Upata dejó de ser pueblo, y como ciudad debe lidiar con estos actos de barbarie, de gente que a costa de todo, sin importarle la vida humana, el respeto a sus semejantes, sin consideración, sin una pizca de amor al prójimo se dedican a ganarse en un minuto de pillaje y violencia lo que nosotros humildes mortales trabajadores nos ha costado años o meses de esfuerzo para vivir con un poco de holgura o dignidad.
El delito un problema estructural
Tal nivel de descomposición y de criminalidad, aunado a la existencia de especie de escuadrones de la muerte, que se dan a la tarea de eliminar físicamente o asesinar con frialdad a comerciantes, empresarios, trabajadores independientes, por cualquier motivo o de cobrarle con sus vidas cualquier deuda o asunto pendiente, nos revela que en Venezuela y Upata, el reto del combate del delito tiene proporciones gigantescas.
No se trata tan sólo de que el gobernador tal o cual, el alcalde, o el jefe policial, o el general, o el Presidente, sean los únicos responsables por todos los delitos que nos afectan o por esas muertes tan terribles a manos de hampones que actúan con saña e impunidad.
No se trata de que las policías están mal equipadas o que no hay módulos o que no vigilan un determinado barrio o que no tienen un radio o que un uniformado es cómplice armado de delincuentes. Estos factores por supuesto hay que atenderlos, pero no garantizan mayor eficiencia o que el hampa se acabará como por arte de magia. El político que ofrezca cero delito estará engañándose a sí mismo o evadiendo el problema real de una criminalidad que cada día está más presente en nuestra vida cotidiana, haciendo metástasis en cada situación, en cada centro de trabajo, en el hogar, en la bodega, en el barrio, en las relaciones de poder, en el negociado turbio, hasta en las relaciones de pareja.
Se trata entonces de que estamos ante un problema de fondo, un gravísimo problema social y moral nada fácil de atender y superar, con raíces ancestrales, muy visible en nuestra América Latina de desigualdades y complicidades.
Deterioro Moral Sociedad de Cómplices
Si no internalizamos que tras esta descomposición criminal se esconden complicidades empresariales, deudas pendientes, miserias humanas, ambición desmedida, tráficos de drogas, deterioro moral y familiar, afán de venganza, impunidad judicial y miedos, seguiremos arando en el mar.
Porque de nada sirve colocar trescientos policías en la calle, porque aún así no se darían abasto para cuidarle la vida a los 100 mil habitantes de Upata, no podrían evitar todas las muertes por encargo, las pasiones criminales, la puñalada artera por motivos económicos, la agresividad familiar y la descomposición de una sociedad donde por los medios de comunicación y en las relaciones íntimas y grupales se rinde culto a la violencia.
Lastimosamente estamos como en laberinto donde las respuestas no son fáciles, son tan difíciles de transitar y no siempre dan como resultado la puerta que nos abre el sendero de la convivencia pacífica y la hermandad entre iguales.
Reflexión necesaria...
Mientras tanto la desesperanza, la desilusión, la resignación, se apodera de todos. El miedo llegó para instalarse y no es fácil despegarse de sus tentáculos.
Pero lo peor sería tomar el otro camino. El de la violencia y de la venganza, ante la falta de respuesta de los cuerpos policiales para atender tanto asesinato, para aprehender a tanto criminal suelto, que lamentablemente tienen cómplices en sus familias y en un aparataje policial y judicial que no ha podido desprenderse de sus malos hijos, de sus muchos funcionarios pagados con sueldo del delito o que simplemente no tienen la posibilidad de combatir a las mafias criminales.
Esa es la realidad. Mientras tanto esperamos que el plan de seguridad comience a dar algunos frutos positivos, para que la Navidad no siga siendo fecha de alegrías y encuentro pero también de dolor y angustia para los que pierden un familiar, un amigo, un bien, su patrimonio a manos del hampa desbocada.
Inmenso compromiso tienen ante sí las autoridades y gobernantes. Un reto que alcanza la dimensión de una auténtica Cruzada o Campaña Admirable. Particularmente como simple mortal nos declaramos en alerta y emergencia. Pero al mismo tiempo nos declaramos abrumados por la magnitud de este problema de la delincuencia y la violencia. Esperamos que los expertos logren dar en el clavo y nos proporcionen un poco más de paz y concordia…



