Upata: Navidad con lluvia y Decadencia
2007, luego de su comienzo de año en extremo seco, se antoja ahora como un año que pasa al baúl de los recuerdos cargado de humedad, con lluvias decembrinas casi diarias, cielo nuboso en el día, alternado con noches despejadas de cielo brillante o noches igual de nubladas. Temperaturas en torno a los 24 grados promedio, mañanas de 21 a 20 grados, máximos de apenas 28 grados, nos han convertido una vez más en ese fresco valle de antaño, que a pesar de su calentura de clima era admirado por propios y extraños como una de las tierras "más frías del Norte de Guayana".
Aunado a ello nos hemos topado no como Sancho y el Quijote con la Iglesia, sino con un atardecer oscurísimo, propio de latitudes nórdicas, por cuanto ya a las 5:20 el Sol se oculta y a antes de las 6 de la tarde la Villa de San Antonio queda sumergida en la oscuridad del solsticio de invierno, pero a las 5:50 de la mañana, por fortuna de este nuevo huso horario, Upata ve levantarse a un Sol nuevo, presuroso, media ahora adelantado a su antigua hora del meridiano 60 grados Oeste...
Esta navidad en Upata la hemos sentido fría, poco adornada, adormecida, carente de eventos, con una ciudad si se quiere en ruinas, por ese empeño de su alcalde en convertirla en colador, por esa manía tan pecevista suya de abrir huecos e instalar cloacas en plena época de festividad navideña y reencuentro de familias. Upata, la Soberana del Yocoima, asiste a un nuevo Fin de Año, cargada de promesas incumplidas, repleta de problemas domésticos, como el de la basura no recogida, con avenidas principales a oscuras, caso de la Raúl Leoni, en pleno centro, auténtica cueva de lobo, propicia para el atraco y la desidia, con una autopista a Guasipati y otra a San Félix, en lamentable estado de deterioro, sin alumbrado en su tramo de acceso a la ciudad. A diferencia de otras poblaciones mucho más pequeñas Upata no es agradable a la vista de los turistas, en sus vías de acceso, porque a nuestro inquieto pero sonñoliento alcalde, mago para reconvertir a Upata en la ciudad más triste del Sur Guayanés, no se le ha ocurrido regalarle vías en buen estado, ni luminarias para el tránsito y los peatones, ni boulevares, como los que adornan cada rincón de el cercano El Callao, más al Sur. Eso sí Upata es ciudad de abandonos, abundante en huecos, cráteres, en terrenos olvidados por el propio gobierno, en barrios sin asfalto ni esperanza como Sierra III, rica en desempleo, atestada de licorerías, con un centro colapsado por la ausencia de un plan serio de transporte y uso de precaria vialidad, sin polideportivo, sin gimnasio, sin teatro, sin museo, sin casco histórico digno de su pasado, sin auditorio, sin parque metropolitano, sin zona industrial, sin centros comerciales para el esparcimiento de los amantes del consumismo, sin salas de cine, sin un estadio decente donde practicar el fútbol o el béisbol, sin una red de transporte eficiente, con un terminal del octavo mundo donde los autobuses no tienen espacio, con aserraderos y carpinterias que contaminan su aire de primávera, sin zona protectora para sus bosques y reservas hídricas, sin un plan de turismo, sin un plan de conservación del ambiente, sin un plan de regulación urbana, sin obras dignas y de envergadura que mostrar a los upatenses. Para nuestra desgracia nos damos el lujo de exhibir proyectos que avanzan a paso de caracol, como ese techo del parque Bicentenario que lleva 3 años en ejecución y todavía se exhibe como simple esqueleto de la indolencia y la incapacidad. Así con estas penurias, nos agarrará el 2008 desprevenidos, decepcionados, vociferantes, sintiéndonos responsables directos de la debacle de nuestro pequeño gobiernito municipal. El que se nos antoja como una época de turbulencia política, de expulsión del no menos pequeño alcalde pecevista, que en mala hora se nos vino encima con todo y pava... Feliz Navidad...

